Saber cómo relacionarte con tu mente cuando estás activada, cómo reconocer tus pensamientos intrusivos y cómo desarrollar un diálogo más amoroso y compasivo que te permita ponerle límites a la “loca de la casa” cuando entra en su torbellino de insuficiencia, inmerecimiento e incapacidad.
Ser la adulta que tu niña interna siempre necesitó en los momentos en los que sus emociones se activaban y no sabía qué hacer al respecto.
Identificar tus emociones, cómo ellas se expresan cuando la herida se despierta y cómo ser ese testigo amoroso que tu niña necesita, descubriendo el paso a paso de cómo sostenerla, validarla y guiarla hacia su mayor bien.
Responder ante la vida y hacia los demás desde un lugar más asertivo y empoderado, tendrás herramientas para pausar, regular tus emociones y desde la conciencia de tu adulta elegir cómo quieres actuar en ese momento para que tus impulsos no te dominen y te lleven a huir de las situaciones retadoras o defenderte, complacer o hacerte la fuerte e hiperindependiente cuando en realidad, tu alma desea conectar, honrarse, construir y suavizarse.
Resignificar tu identidad aprendida, la de tu niña herida, aquella que aparece cada vez que no te sientes elegida, vista o suficiente y te hace dudar de ti, de tus capacidades y de si hay algo malo en ti que llevó a ese rechazo, a esa desconexión, a ese desamor.
Mirarte y relacionarte contigo desde una perspectiva más amorosa y compasiva que te permita sanar aquellos lugares donde hay dolor para que dejes de repetir los mismos patrones y empieces a construir un nuevo futuro aquí y ahora, en donde reconoces que mereces, eres digna y valiosa pase lo que pase.